Las intensas lluvias registradas durante las últimas semanas desde el Norte Chico hasta la zona centro-sur volvieron a instalar un debate que trasciende la emergencia: cómo fortalecer la agricultura chilena frente a un escenario marcado por fenómenos climáticos cada vez más frecuentes e intensos.
Académicos de la Facultad de Recursos Naturales de la Universidad Católica de Temuco sostienen que el desafío no solo pasa por enfrentar las consecuencias inmediatas de estos eventos, sino también por desarrollar capacidades que permitan a los pequeños productores adaptarse a un clima más variable y proteger la seguridad alimentaria del país.
La agricultura chilena enfrenta efectos que permanecen tras las lluvias
Mientras el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) emitía recomendaciones para proteger cultivos, infraestructura y ganado en las regiones de Atacama y Coquimbo, en distintos sectores del centro y sur de Chile las precipitaciones provocaron inundaciones, pérdida de suelo fértil, daños en predios agrícolas y cortes de caminos rurales.
Sin embargo, los especialistas advierten que los impactos continúan una vez finalizadas las precipitaciones. Recuperar la fertilidad de los suelos y restablecer las condiciones productivas puede tomar meses, especialmente en explotaciones de menor escala.
La académica de la Facultad de Recursos Naturales de la Universidad Católica de Temuco, Dra. Gina Leonelli, explicó que «las lluvias intensas pueden provocar anegamiento y asfixia radicular, muerte de raíces de los cultivos, pérdida de biodiversidad vegetal, erosión, arrastre y pérdida de suelo. Además, afectan la actividad biológica del suelo, favorecen enfermedades y plagas, retrasan las labores agrícolas, afectan la polinización y generan pérdidas económicas para las y los agricultores».
La Agricultura Familiar Campesina concentra gran parte de la producción
La situación adquiere mayor relevancia considerando el peso que tiene la Agricultura Familiar Campesina (AFC) en la producción nacional. De acuerdo con cifras de la FAO citadas por los académicos, este sector representa cerca del 92% de las explotaciones agrícolas del país, genera el 61% del empleo agropecuario y aporta el 27% de los alimentos producidos en Chile.
El organismo internacional también estima que entre 2007 y 2022 las pérdidas agrícolas a nivel mundial alcanzaron los 143 mil millones de dólares, afectando principalmente a los pequeños productores.
La prevención aparece como el principal desafío
La Dra. Leonelli sostuvo que la resiliencia depende de adoptar medidas preventivas como conservar los suelos, mantener cobertura vegetal, incorporar materia orgánica, mejorar el drenaje, diversificar cultivos, proteger las fuentes de agua, implementar corredores biológicos y planificar las labores agrícolas considerando los riesgos climáticos.
«Puede disminuir la producción de alimentos, aumentar los costos y comprometer la calidad y seguridad alimentaria por contaminación del agua y el suelo», advirtió la investigadora respecto de las consecuencias que pueden extenderse más allá del ámbito agrícola.
Un escenario climático que exige adaptación
Desde la Facultad de Recursos Naturales plantean que la agricultura chilena enfrenta un escenario diferente al de décadas anteriores, caracterizado por lluvias concentradas durante el invierno y períodos de escasez de precipitaciones en verano.
La académica indicó que una adecuada gestión de las cuencas, el almacenamiento de agua y el fortalecimiento de los sistemas naturales de drenaje serán fundamentales para enfrentar este nuevo contexto climático.
Finalmente, los especialistas sostienen que fortalecer las políticas públicas, el apoyo técnico a los pequeños agricultores, la investigación y la transferencia tecnológica será determinante para mejorar la resiliencia de la agricultura chilena y resguardar la producción de alimentos, la economía rural y la seguridad alimentaria del país.
