Las intensas lluvias registradas durante los últimos días en distintas zonas del país no significan el fin de la crisis hídrica. Por el contrario, son una muestra del nuevo comportamiento del cambio climático, caracterizado por períodos prolongados de sequía combinados con precipitaciones cada vez más intensas y concentradas en poco tiempo.
Así lo advirtió Daniel Rozas Vásquez, académico de la Facultad de Recursos Naturales de la Universidad Católica de Temuco (UCT) e investigador del Laboratorio de Planificación Territorial, quien explicó que el cambio climático está modificando la forma en que ocurren las precipitaciones en Chile y aumentando la exposición de las comunidades a eventos extremos.
El cambio climático está cambiando el comportamiento de las lluvias
De acuerdo con antecedentes de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), el país acumula 19 años consecutivos con precipitaciones por debajo del promedio climatológico registrado entre 1961 y 1990. A ello se suma que 2025 fue uno de los años más cálidos desde que existen registros, un escenario que los especialistas vinculan directamente al cambio climático.
En ese contexto, Rozas explicó que una disminución de las precipitaciones anuales no implica necesariamente un menor riesgo de inundaciones.
«Es posible que bajen las precipitaciones durante el año y, al mismo tiempo, aumenten los episodios de lluvia intensa en períodos muy breves, con suelos saturados y una mayor exposición de las comunidades», señaló el investigador.
El académico indicó que el cambio climático no significa solamente menos lluvia, sino también precipitaciones mucho más intensas en lapsos reducidos, lo que incrementa la posibilidad de desbordes, anegamientos e interrupciones de servicios básicos.
Cómo se adaptan las ciudades
Rozas sostuvo que uno de los principales desafíos consiste en dejar de diseñar ciudades e infraestructura únicamente sobre la base de registros climáticos históricos.
Según indicó, Chile dispone de instrumentos para avanzar en adaptación al cambio climático, pero el desafío está en implementarlos de manera coordinada mediante decisiones relacionadas con el ordenamiento territorial, la inversión pública y el desarrollo urbano.
El investigador afirmó que caminos, puentes, hospitales, redes sanitarias y sistemas eléctricos deben planificarse considerando escenarios futuros marcados por el cambio climático, con precipitaciones más intensas, temperaturas extremas, fuertes vientos y eventos simultáneos.
La naturaleza como aliada
El académico destacó que la adaptación al cambio climático no depende únicamente de grandes obras de ingeniería. Humedales, bosques nativos, vegetación ribereña y cuencas en buen estado cumplen un papel fundamental para almacenar agua, favorecer la infiltración, reducir la erosión y disminuir la presión sobre la infraestructura durante eventos extremos.
En esa línea, propuso fortalecer soluciones basadas en la naturaleza mediante parques inundables, restauración de humedales, jardines de lluvia y superficies permeables, complementando la infraestructura tradicional.
Adaptarse antes de la próxima emergencia
Finalmente, Rozas enfatizó que la evidencia científica debe incorporarse de manera más efectiva en las decisiones públicas y privadas relacionadas con el cambio climático.
«Adaptarse significa modificar anticipadamente las decisiones que generan vulnerabilidad y preparar a los territorios para una realidad climática distinta», concluyó el investigador.
Con casi dos décadas de déficit de precipitaciones y eventos extremos cada vez más frecuentes, el académico sostuvo que enfrentar el cambio climático mediante una mejor planificación territorial y la protección de los ecosistemas será fundamental para proteger a las comunidades, asegurar la disponibilidad de agua y fortalecer la resiliencia del país durante las próximas décadas.
